martes, 22 de septiembre de 2009

ENEMIGOS Y ELFOS, de megagrupo de relatos

En Megagrupo de relatos.

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[Celia]
Gara se escondía detrás de los arbustos mientras veía pasar los caballos.
- Elfos. ¡Los odio!
Sus ojos brillaron y su mano toco su espada.
- Ssssh.- susurró Ache agarrándola por la cintura.- ¡Tranquila!
Allí, en la oscuridad del refugio tras los arbustos, Gara podía oler el dulce perfume de los elfos. Veía claramente su piel brillante, su pelo rubio flotando suave en el aire. Oía su cántico dulce y triste. Un cántico que le llenaba el corazón de amargura.
- Callaos.- Gimió en voz baja.
- ¡Alto!- Gritó un elfo.
- ¿Que ocurre mi señor? - se le acercó otro.
- He oído algo.
Ache agarró a Gara y tiró de ella para intentar alejarse.
- Esperadme aquí.- ordenó el elfo jefe.
Se acercaba a ellos y Ache apenas podía controlar a Gara, sabía lo fuerte que era pero los enemigos eran elfos. Eran seres malignos y poderosos. Pero ella dejó de luchar y su cuerpo se relajó. Entonces vio al elfo frente a ellos.
- Hola, Gara. Me alegro ver que estas bien, después de tanto tiempo.
- No puedo decir lo mismo.- dijo ella.
El elfo levantó su cabeza orgulloso.
- Solo estamos de paso. La guerra se acerca. ¿Estamos en el mismo bando?
- Que luchemos por lo mismo no nos une.
- Bueno. Al menos espero que no nos ataques a nosotros en la batalla. - Se rió el elfo.
- No te prometo nada.
- ¿Eres su guardián? - preguntó el elfo a Ache.
Ache asintió con la cabeza.
- Cuídala. Tiene sangre de guerrero Güaire. Es de las pocas que quedan.
- ¡Como si te preocupara mucho!
El elfo abrió la boca para decirle algo pero no salió nada de sus labios. Sacudió la cabeza como para quitarse una idea y se giró.
- Adiós, Gara.- le dijo mientras se alejaba.

[JAVIER]
Ache tuvo que hacer un nuevo esfuerzo por controlar a Gara, pues ésta estuvo a punto de abalanzarse sobre el Señor Elfo en cuanto éste dio la vuelta para reunirse con sus tropas.

Mientras el destacamento elfo se alejaba en dirección a la inminente batalla, de la que ya se adivinaban sus huellas no muy lejanas, Gara se desembarazó casi con violencia de los brazos que la agarraban. Pero se quedó quieta en el sitio, mirando a los elfos. Hizo un extraño gesto con las manos en dirección a aquellos, escupió en el suelo, y se giró hacia su acompañante.

- Sigamos -le dijo a Ache- Todavía quedan muchas aldeas que visitar antes de poder formar un pequeño batallón para la defensa de nuestras tierras.
- Sí, sigamos - contestó Ache - Pero tengamos cuidado con los elfos, que todavía se mueven por estos terrenos.
Ante la mención de los malignos elfos, que hacía siglos habían sido los enemigos declarados de su clan, Gara repitió aquel extraño signo con las manos, escupió en la dirección en que se habían marchado, y se encaminó justo en dirección contraria con rápidos y furiosos pasos. Ache, compungido ante lo que se les avecinaba, no tuvo más remedio que apretar el paso para poder seguirla.

En la lejanía, el destacamento élfico se aproximaba a las tierras donde se había producido lo más cruento de la batalla. Contaban con encontrarse allí con otros batallones de miembros de su propia raza, así como con otros formados por los pueblos libres que todavía no habían caído en batalla. Sin embargo, era una guerra que los pueblos libres iban a tener muy difícil, por el largo historial de enfrentamientos entre ellos mismos; la desconfianza, el resquemor e, incluso el puro odio a veces, hacía que aquella casi improvisada coalición no tuviera excesivas perspectivas de funcionar. Todo eso lo sabía muy bien el Enemigo, y por eso había atacado justamente entonces, cuando las rivalidades entre el resto de pueblos casi alcanzaban su punto máximo.
Y, como un barril de pólvora a punto de estallar, en medio de todas aquellas rencillas, temores y odios, estaba el antiguo y sangriento conflicto entre los Señores elfos, y el casi extinto pueblo de los Güaire.

[Noys]
Gara y Ache caminaron sin descanso durante todo el día. Para cuando la noche había caído, lograron vislumbrar su destino: El valle que se abría paso al pie de tres pequeñas montañas.
Se acercaron con paso rápido.

Ahí, había varios batallones. Ninguno de ellos superaba a las 40 personas, y se encontraban dispersados por todo el valle recibiendo órdenes, practicando tiros y afilando lanzas.

- Vamos - indicó Ache, mientras señalaba con la cabeza a un reducido grupo.- Nos esperan.

Ahí estaban los sobrevivientes del pueblo Güaire, que se preparaban diestramente para lo que sería una dura batalla.

- ¡Gara! - exclamó el comandante del grupo - ¡Al fin has llegado! Rápido. Únanse a los demás. El enemigo se acerca, hay rumores que dicen que mañana llegaran al valle. Tenemos que estar listos. -Ache asintió, pero Gara se mantenía distraída mirando con recelo a los elfos, al otro lado del valle.
- Por ahora son aliados - dijo el hombre, mirándolos con desagrado también - No podemos tocarlos. Ni ellos a nosotros. Ya nos encargaremos después...

Pero los cálculos estaban mal. Apenas entrada la madrugada, las fuerzas enemigas entraron al valle montadas en caballos, y comenzaron a rodear el lugar, acorralando a los pequeños, pero numerosos batallones.

La pelea estaba siendo dura. Gara había logrado salir victoriosa de dos encuentros: un hombre que intentó atacarla por la espalda, y otros dos que se habían dedicado a cazarla. Los tres terminaron destrozados. Con una destreza y agilidad propia de su raza, los aniquiló sin dificultad.

Pero un cuarto salio de la nada. Comenzó a atacarla. Inesperadamente la tiro a suelo con su caballo, y puso una lanza en su pecho. El hombre la hundía despacio, haciéndola sangrar. Hasta que tres flechas lo atravesaron al nivel del estomago. El jinete se desplomó en el lomo de su animal, que comenzó a correr sin dirección.

Gara se incorporó para darse cuenta de que su salvador, había sido el jefe de los elfos.
- No pienses que te daré las gracias - dijo.
- No hace falta que lo hagas, no podía dejar que te matara…
Inesperadamente, el elfo brincó hasta alcanzar el cuello de Gara y desgarrarlo con una pequeña daga.
-…matar a los Güaire es mi trabajo

Y el elfo se alejó mientras Gara caía al suelo arrepintiéndose de la única y ultima vez en su vida que bajó la guardia ante un elfo.





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