viernes, 21 de diciembre de 2007

LA MISIÓN (relato navideño de Ciencia Ficción)



Aquella parecía que iba a ser una misión compleja. Porque aunque la raza de los VorXonness era eminentemente comercial (poseían naves exploradoras, cargueros, transbordadores y de defensa de los cargueros dispersas por toda la galaxia conocida), a la familia Firabranses, una de las más competitivas de esa raza en extremo competitivas, se le había encomendado establecer relaciones comerciales en aquella zona, aún virgen en cuanto a comercio interestelar, de la "vía láctea". Era su misión, y el orgullo debía quedar por encima de todo. Así que, a pesar de las dificultades de abrir un mercado virgen, en una zona tan atrasada de la galaxia, cumplirían con el encargo del Imperio costase lo que costase.
Enseguida se dieron cuenta de la dificultad que iba a suponerles; el único planeta habitado era sumamente atrasado, tanto que no habían conquistado ni su propia luna; y que los viajes por su propia órbita eran, incluso, esporádicos.

La nave VorXonna había llegado inadvertida, e inmediatamente se habían puesto a procesar la información contenida en las comunicaciones de aquel planeta para ver cómo podían enfocar tan ardua tarea. Una vez descodificadas, traducidas y procesadas las escasas y primitivas comunicaciones, comprendieron que habían llegado a un lugar, o a un momento denominado navidad, christmas, natale, nadal... o algo así. No estaban muy seguros de lo que podía ser, así que enfocaron sus radiotelescopios amplificados, y se dispusieron a aprender todo lo posible de aquella ¿natale?. Y, una vez comprendida, estallaron en una gran alegría: ¡ahí estaba el espíritu comercial de aquel planeta; eso era lo que necesitaban para entablar negociaciones con ellos! De todas maneras, dispuestos a sacar todo el rendimiento comercial que fuera posible, decidieron indagar más. Pocos días después pudieron observar un fenómeno muy curioso: si en una primera apreciación constataron que los viajes orbitales eran escasos en aquella zona, en aquel momento una extraña nave, con un anciano algo obeso vestido de verde, orbitaba varias veces durante una noche el planeta, y luego desaparecía. Prudentemente, a pesar de su fuerte instinto comercial que les empujaba a contactar inmediatamente con cualquier cliente potencial, procedieron a observar todavía un poco más; y justo cuando se cumplía una revolución al sol, el mismo anciano volvió a aparecer en su nave, pero ahora vestido de rojo.
Curioso, pensaron. Y mientras pensaban, observaban, y discutían, pasó otra revolución solar, y apareció de nuevo el mismo anciano -y otra vez de rojo. Eso corroboró la hipótesis que enunciaron mientras esperaban su más que probable aparición; el cambio de color en su vestimenta se debía a que ahora era patrocinado por otra marca comercial diferente: una de bebidas refrescantes, parecía ser.

Con todos estos datos recopilados, decidieron pasar ya a la acción. Establecieron contacto con aquel anciano vestido de rojo. Bueno, más bien lo capturaron, pues lo atrasado de la tecnología de la nave del anciano no les permitía un buen entendimiento entre ambos. Cuando la nave estuvo dentro de la de los VorXonness, éstos utilizaron proyectores de imágenes y traductores universales -como raza comerciante disponían de millones de artefactos para negociar, de toda la galaxia civilizada conocida-. Se presentaron ante el de rojo, y empezaron a negociar.

Santa Claus, como se presentó el anciano, se quejaba de que ya nadie en la Tierra le daba importancia a la navidad, sólo a la parte más comercial; los comercios cada vez empezaban antes con la campaña, los niños no sabían cuál era su sentido, los mayores sólo se preocupaban por tener unos días de fiesta y poder irse de viaje, etc. Ya habían acabado con los Reyes Magos, y el siguiente sería él. Por eso, no le importó negociar con la familia Firabranses la venta de la esencia destilada de la navidad; como casi único representante actual en la Tierra de los christmas, tenía poder para ello.

Con ayuda de sus elfos, destiló durante días la navidad. La absorbió de los pocos lugares donde aún parecía importar algo. No fue mucho, pero dio para llenar una pequeña esfera, justamente como esas que aún se vendían como recuerdo de la navidad, de las que se agitan para ver cómo cae la nieve.
Dicha esfera fue instalada en una de las bodegas, bien asegurada mediante rayos tractores con generadores independientes del resto de la nave, y circuitos de seguridad redundantes; con lo que les había costado abrir ese mercado, no iban ahora a arriesgarse a perder su mercancía.
El anciano, que pensaba retirarse a alguna de las islas tropicales de su planeta natal, pues ya estaba harto de pasar siglos y siglos helado, les hizo una última advertencia: "Cuidado cuando la vayáis a abrir. Contiene elementos peligrosos, que pueden producir una mezcla que se debe de tratar con mucho cuidado. Contiene, en esencia, el nacimiento de un dios, sentimientos de paz y amor, buenos deseos, ansia comercial, una fiesta de reencuentro familiar.. y así varios ingredientes más. Por separado, y en pequeñas dosis son buenos, incluso recomendables; pero todos ellos juntos, pueden ser un cóctel… cuando menos a vigilar ciudadosamente”.

La familia Firabranses, representante de los VorXonness, no entendieron nada de lo que les dijo. Sólo alcanzaron a comprender algo de "comercial", y eso les bastó. Ansiosos como estaban por volver a su zona de influencia y mostrar el fruto de su misión, pagaron al anciano lo convenido, le dejaron donde él eligió, y se marcharon a velocidades translumínicas.

Cuando llegaron a su planeta, bajaron la carga de sus bodegas. Toda la plana mayor político-comercial se había reunido en el gran espaciopuerto de la capital económica del planeta, a su vez capital del Imperio de los VorXonness, pues las noticias de lo que transportaban ya habían llegado hacía tiempo. La placeta destinada a las autoridades estaba llena de comercialidad, todo en el planeta giraba alrededor del consumismo; la compra, venta, las negociaciones, el trueque. Eso era su dios, y sus sentimientos no entendían más que de negocios.
Con gran expectación, se abrió la bola que contenía la esencia de la navidad.
Y explotó.
En segundos, aniquiló la vida de todo el planeta, y de buen parte de su sistema. Alguna reminiscencia, algún retazo de bondad, de buenos sentimientos, de paz, había interactuado con la atmósfera del planeta, cargada de mercantilismo, y había detonado.

Los telescopios de la Tierra vieron nacer una Nova, lo que causó sorpresa en la comunidad científica, pues no habían detectado actividad extraña en aquella zona.

Y llegó la época de Navidad de nuevo a la Tierra. Nadie notó nada extraño; las compras se seguían haciendo igual que siempre, los villancicos atronaban en las calles, los árboles se decoraban igual que de costumbre, las familias se reunían alrededor de una gran y repleta mesa en las mismas fechas que año tras año... en fin, un año más.
Y Santa Claus disfrutaba de unas merecidas, indefinidas, vacaciones en una isla caribeña...
Y los Reyes Magos... ¡ah, ésa es otra historia!

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