microrelato: LA LLUVIA


LLUVIA


Hoy ha llovido.
Por fin, ya hacía falta una limpieza en profundidad de la ciudad.
La gente corría por las calles, intentando resguardarse.
Los riachuelos se formaban rápdamente, demasiado rápidamente, en las aceras y en las calzadas. Ríos de inmundicias, pecados y vergüenzas, que las alcantarrillas no daban abasto para desaguar.
La gente huía de ellas, no querían ser alcanzados por sus propias miserias, una vez habían conseguido desembarazarse de ellas.
Un niño no fue lo suficientemente rápido, se le escapó a su madre de la mano, y cayó en un pozo de vergüenza.
Los ancianos, resignados, casi parecían no querer ceder su sitio en los bancos del parque, aceptaron la lluvia de reproches, hostilidad, pecados, vergüenza, patrañas, etc, que cayó sobre la ciudad.

Una vez limpia, la gente que escapó de ella ha vuelto a ver el sol.
Un sol que hacía tiempo que no se veía. Resplandeciente como la sonrisa de un niño, o la dentadura postiza de un anciano. O la calva de un señor al que el viento le ha arrebatado el peluquín.
Hemos vuelto a ver el sol.
Sin ataduras, sin tapujos, sin vergüenzas, ni propias ni ajenas.
La lluvia ha caído, y ha arrastrado media ciudad con ella; la otra media estaba desertificada, por la falta de lluvias, y la vergüenza de los políticos que no hicieron nada para salvarla.
Hemos vuelto a ver el sol.

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