miércoles, 13 de septiembre de 2006



EL FIN DEL REINADO

El reino de los delfines era un regalo para los sentidos. Las cosechas de plactonc y algas eran abundantes y crecían en perfecto estado. Las piscifactorias donde criaban alevines para su posterior consumo funcionaban perfectamente, mecanizadas y autoreguladas. La sociedad era todo lo que los humanos, en miles de años, cientos de miles, de existencia en la Tierra no habían conseguido ser.

Sólo echaban en falta una cosa desde que los humanos, y casi todo el resto de las especies terrestres, se habían extinguido; el humor, el buen humor que se desprendía de los alevines de los humanos.
En las costas, cerca de los barcos, en los parques acuáticos... todos los delfines que habían tenido contacto con los cachorros humanos echaban de menos ese humor,esa alegría.
Los delfines, con su sociedad perfecta, su granjas automatizadas y autoindependientes, eran una raza triste, por su pasado de relación con los humanos; es más, se diría que eran una raza nostálgica.
Y más cuando ellos mismos habían sido los causantes de esa "evolución", en el momento en el que comprendieron que la evolución de la raza humana ponía en peligro todo el planeta, y tuvieron que acabar con ella, así como con otras íntimamente relacionadas con los humanos.

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