martes, 29 de diciembre de 2009

Manifestación en la Partida de Ajedrez (nuevo relato en MegaGrupo de Relatos)

Otro relato en el que he participado en megagrupo de relatos.

Todas mis participaciones desde este enlace.

[Gustavo Piñeiro]
-Jaque mate- dijo Jack y Ernesto, su rival, muy a su pesar, tuvo que admirar (con rabia y envidia) la perfección estética de la combinación que había provocado su derrota.

Hay que decir, sin duda, que Ernesto era un gran jugador de ajedrez. Los años de aburrimiento en el refugio lo habían inducido a leer libros y más libros sobre el tema y gracias a ellos había reunido una considerable destreza teórica. Sin embargo, esta destreza sólo le había servido para ser capaz de apreciar en toda su gloria (ya que no para evitar) las hábiles combinaciones con las que Jack, su eterno (nunca mejor usada la palabra) rival lo vencía una y otra vez.

Jack, hay que decirlo también, era un perro dálmata que gracias (¿gracias?) a miles y miles de mutaciones al azar provocadas por la radiación había nacido con una inteligencia superior a la humana, así como Ernesto había sido regalado (regalo del infierno) con el don de la inmortalidad.
[JAVIER]
Jack, como buen representante de su raza, era un animal rebelde y juguetón, habituado a largos períodos de ejercicio diario. Desde que se había visto recluido en ese refugio con el humano que ahora era su compañero de juego, había estado soportando una increíble tensión, dividido entre la falta de ejercicio, y su carácter sociable, que le hacía buscar la compañía humana.
Ernesto, por su parte, nunca había sido muy sociable, ni amante de los animales precisamente; pero ahora añoraba cualquier compañía, y la de ese perro era lo único que tenía ahora.
Cuando el humano, en uno de sus innumerables ratos de aburrimiento, sacó aquel tablero, con manchas como la de su acompañante, éste se sentó frente a él, y movió una de las figuras. Lo que pareció en un primer momento un acto casual, que Ernesto continuó por simple inercia y aburrimiento, les llevó a la primera de las innumerables partidas que jugarían a partir de entonces.
Concluida esa primera partida, el -tal vez- último y asombrado representante de la raza humana tuvo la primera conversación con otro ser distinto a su especie.
Y, a partir de ahí, estuvieron condenados a entenderse.
[Miriam]
Tener una idea clara el uno del otro, conocer a la perfección que quería transmitir cada uno en cada instante. Esto se había convertido en la forma de vida de ambos, en la inquietud personal cada día que sonaba el despertador. Ernesto era muy constante, y siempre se despertaba a una hora concreta aunque ésta fuera variando, pero debía de haber una marca en el tiempo.
Y un día como hoy, como era habitual, sonó una campanilla:
"Ernesto, Ernesto... vuelve, ahora estas conmigo, dejando a un lado los recuerdos de tu infancia... Estás en tu sesión habitual con tu psicóloga, se acabo la hipnosis. Has colaborado bastante pero aún necesito saber el motivo por el que reflejas tu yo sensible en el perro de tus abuelos"

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