domingo, 11 de enero de 2015

Yo, zombie (Óscar Urra)

Autor: Óscar Urra
Editorial Salto de Página
Colección Púrpura 63
184 Páginas
Rústica
1ª Edición Noviembre 2014
ISBN 9788416148141
ARGUMENTO EDITORIAL:


«Me llamo Alejandro Sen, y soy un zombi de Villaverde Bajo. O lo que la gente, sin saber bien lo que es, llama un zombi. Hasta que nos toca bregar con la realidad más o menos cruda, sabemos del mundo lo que nos dicen las películas y el telediario: casi todo el mundo puede vivir sin salir de una pantalla. Pero a mí me ha tocado esto, ser un zombi; y no como en las películas o en los videojuegos: a mí me ha tocado de verdad

Narrada en esta directa primera persona, “Yo, zombi” del madrileño Oscar Urra, ofrece la insólita perspectiva del no-muerto como punto de partida para contarnos sus peripecias, pero también sus anhelos y temores, incluso sus preocupaciones más mundanas, en un contexto actual y cercano, imprimiendo una nueva y original vuelta de tuerca a un género extraordinariamente popular. En su caída, degradación y voluntad de supervivencia late también la metáfora de una sociedad que produce sus propios horrores para luego apartarlos o ignorarlos.





OPINIÓN:

Tengo que calificar este libro, en mi opinión, como fallido, y desde varios puntos de vista, además, que desarrollaré a continuación.

La novela trata sobre un “impuro” adolescente, y está dividida en dos mitades, cada capítulo cuenta una de ellas; una trata de su vida hasta que es infectado, y su deambular, y la otra su vida en El Cuartel, lugar donde se reúnen los que son como él, para vivir alejados de los seres humanos. El primer “pero” lo encontramos en esa faceta de impuros; a saber, cuando son infectados pasa un largo tiempo (indeterminado) hasta que se convierten en zombies puros (los de toda la vida, vamos), mientras tanto, aumentan de fuerza, de resistencia y agilidad, se curan rápidamente, y lo único diferente es un olor que desprenden que hacen que los de su alrededor se enfurezcan (pero se “soluciona” estando rodeado de mucha gente, o pasando rápido entre ella).
Unos infectados muy raros, la verdad. 

Otro “pero” es que mantienen sus capacidades casi hasta el final, hasta que saben que van convertirse ya en “puros”; es decir, hablan, comen y beben (poco), hacen el amor, etc… Pero bueno, podría tratarse de  un nuevo tipo de zombies, podríamos darle a la novela el beneficio de la duda. Sin embargo, los mayores “peros” vienen de sus incoherencias internas, así como del estilo en el que está redactada, tanto como novela en sí misma, como por ser los escritos de un joven zombie. Me refiero a que el mismo protagonista, en el momento de ser infectado, es un joven mal estudiante de la ESO, y él mismo se extraña de haber aprobado algunos cursos; pues bien, el estilo en el que posteriormente narra su historia, las frases que usa, las descripciones, las aclaraciones ortográficas y sintácticas, etc, no se relacionan con el personaje que se nos ha presentado (y menos, si además, estamos pensando en un zombi).

Además, aunque estuviese escrito (narrado) por un personaje, digamos, normal, el estilo utilizado muchas veces llega a cansarnos; es debido al uso de largas (larguísimas) frases, con multitud de paréntesis y guiones (aclaraciones tras aclaraciones y, a veces, de la misma aclaración…).


Todo esto puede ocultar el que tal vez sea el verdadero quid de la obra; el de la soledad del ser (humano o zombie), la necesidad de pertenecer a un grupo social, y la dificultad de convivencia de dichos grupos, en los que siempre aparecerán tensiones, frustraciones, etc. Pero la lectura de la obra se torna, por todo lo dicho en los párrafos anteriores, tan dificultosa, que puede hacer que perdamos de vista el conjunto.      


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