domingo, 23 de agosto de 2009

Últimas luces de amor, para leer aquí, desde MegaGrupo de Relatos

De nuevo, otra colaboración desde MegaGrupo de Relatos

Estos relatos están bajo una licencia de Creative Commons

[Van a crecernos alas...]

El hombre grita y la mujer escribe poesía. Llega la noche y ahora los dos se miran en silencio. La luz de la habitación está apagada y la luna llena provoca un claroscuro de ternura. La mujer escribe algo en un viejo cuaderno de apuntes: "Una luz extraña alumbra la carne de las falsas promesas. Ahora el lenguaje del amor es mortal y la ley del tiempo arde sobre nuestras cabezas."
Con los ojos abatidos el hombre mira hacia la ventana. Empieza a llover y las gotas de agua repiquetean sobre el vidrio creando una música melancólica. La mujer mira hacia el hombre, da un resoplido y vuelve a ensimismarse en su cuaderno.
"La vida resucita como una vela vuelta a prender pero lista para ser apagada. La respuesta del ojo es inmediata y sin piedad, emite ya sus ondas cargadas de utopías. Nadie canta en el sueño azul ahora. Ninguna vibración excita al tacto. El dolor de los olorosos cuerpos en la escena final del deseo es una mascota rabiosa que lame mi rostro sin cesar."
- ¿Puedes escribir con tan poco luz? - Pregunta el hombre.
- Si, ya lo he hecho otras veces.
Ahora el hombre prende un cigarrillo y el humo crea una atmósfera enrarecida.
[J. Javier]
La punta del cigarrillo del hombre ilumina brevemente la estancia, y el humo adquiere, con esa tenue iluminación, una falsa tridimensionalidad que convierte casi en irreal la estancia en la que se desarrolla este drama íntimo-
-Por eso ya casi no existo para ti -exhala el hombre; no consigues ni verme entre la escasa luz y tu menguada visión.
La mujer le dirige una mirada, ni compungida ni de conmiseración; sólo una breve aceptación de que él sigue allí, entre el humo de su propio cigarrillo.
Una radio suena a lo lejos, uniendo la melodía de sus canciones, algo pasadas de moda, a la que formaban las gotas de lluvia sobre el vidrio.
De repente, un relámpago ilumina la estancia, tornando más irreal si cabe la ya de por sí irreal escena; las palabras que la mujer escribía sobre su viejo cuaderno, parecen salir del mismo y enlazarse con el humo del cigarrillo del hombre. Palabras, frases, oraciones... se enroscan sobre el tenue hilo surgido del pequeño cilindro que el hombre sostiene entre sus dedos. Pensamientos surgidos de la pluma de la mujer se mezclan con el humo surgido de la boca de su acompañante, y penetran hacia su interior, ocupando el sitio que antes ocupaba dicho humo.
Y la melancólica melodía parece aumentar en los oídos de ambos, mientras la tormenta se acerca.
[Josefina Fuensanta]

El cielo se estremece con la claridad de un relámpago, iluminando a ambos, sus miradas se han buscado en la oscuridad, sus semblantes se dulcifican, sus manos se buscan enlazándolas en un tenue roce, cada vez se hace más fuerte hasta que sus cuerpos se acercan en tierno abrazo.
Ambos callan, pero no hacen falta palabras, sus corazones laten unidos y sus latidos dicen que el amor no ha acabado, siempre ha estado presente, pero el paso de los años ha olvidado el calor de la pasión.
Sus cuerpos envejecidos, se conservan vivos, siguen siendo uno.
Un rayo traspasa los cristales de la ventana, un estrepitoso ruido invade la estancia, sus cuerpos caen inertes y carbonizados, sus manos están unidas en un eterno abrazo y sus labios tienen una sonrisa fresca y joven llena de una dramática felicidad.

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